El cántaro y la fuente

imagesTanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe reza aquel dicho. Bien podría usarse como alegoría de la presente situación que se vive particularmente en la ribera mediterránea; aunque es igualmente aplicable en contexto más general. Me explico, el cántaro estaría representado por los poderes fácticos, liderados por la banca, y el poder político, liderado por la banca. Por otro lado, la fuente nos representaría los ciudadanos, alegres y ociosos, inocentes y pasivos.

La última visita del cántaro a la fuente se produjo cuando la troika decidió que los ciudadanos de Chipre son solidarios y están dispuestos a colaborar con su sistema bancario; eso sí, como ya es costumbre, sin preguntar. Además de pagar el rescate a su país con duros ajustes fiscales y con recortes sociales y de derechos, ahora también van a pagar con sus depósitos.

Es verdad que sólo los depósitos superiores a 100.000 euros, también es cierto que muchos de éstos son rusos que llevaron su dinero al ya ex paraíso fiscal chipriota. Otra realidad es que perderán de un tercio a la mitad de su depósito. Es un robo.

Se impone un corralito porque la fuga de capitales es inevitable, aunque se dará tarde o temprano. Si le ocurriera a usted, ¿adónde se los llevaría? Probablemente a un país en el que no existan estos riesgos, como Alemania. Con un riesgo de contagio elevado, con España o Italia como posibles víctimas, los países sanos pueden hacer su agosto en primavera. Como anécdota del día: Desangelada Merkel celebró el resultado del acuerdo.

Con un cántaro tan insaciable se antoja complicado detener esta sangría. Desde luego, este cántaro no es como el del dicho popular, no se va a romperse él solito de tanto ir a buscar agua a la fuente. En esta versión moderna es la fuente, es decir, nosotros, la que tiene que ir al cántaro y romperlo.

Retóricocracia

ImageÚltimamente he estado pensando. Entre pensamiento y pensamiento vino a mi cabeza la palabra democratizar, a partir de entonces, es cuando empecé a pensar realmente. Empecé por pensar etimológicamente, ¿de dónde viene semejante término? Tras esto, me vinieron a la cabeza discursos pronunciados por nuestros políticos durante los últimos años. En ellos hay una palabra con la que todos se llenan la boca, pero que no estoy muy seguro de que lleguen a comprender; aunque probablemente se trate tan solo de un problema de mitomanía. Cierto es que no es un problema, es su trabajo.

Obviamente, la palabra que busco, la madre la de esta reflexión, no es otra que aquella que responde al nombre de democracia. El caso es que se me ocurrió que en una democracia lo más lógico es que todo tienda a democratizarse, ya que una cosa lleva a la otra, o por lo menos así lo entendió la RAE en su día. A fin de evitar confusiones, sería muy conveniente acotar el significado de este vocablo. Aplicado a cosas, significa hacerlas democráticas, lo que viene a querer decir “hacerlas accesibles a todo el mundo.”

Llegando a esta conclusión no me quedó más remedio que abrir un diccionario, pensé que no era posible, que tenía que haber algún significado más tras aquellas letras, que algo se me estaba escapando. ¡Pues no! Todo estaba bien planteado. Al no entender por qué razón no cuadraban las cosas, me refugié en el campo de la retórica, dónde voy siempre a ser sarcástico o irónico frente a aquello que no entiendo o no comparto. Pero en esta ocasión, y por accidente, me topé con la paradoja. Esto me hizo seguir pensando.

Por ejemplo, un sistema verdaderamente democrático debería preocuparse por hacer lo más sencillo posible el acceso a la educación o a la sanidad. Es decir, debería trabajar en democratizar dos servicios básicos estos. Nada más lejos de la realidad, porque aquí, en España, los costes de una matrícula universitaria se incrementan de forma casi escandalosa, algunos medicamentos dejan de ser subvencionados por la seguridad social, en algunas Comunidades se exige un pago por receta… En definitiva, es una democracia que no democratiza sus servicios públicos.

Volviendo a la retórica, con la intención de descubrir una ironía, pero sin intención de ser irónico. Dicen los mitómanos, y lo dicen con desmesurado orgullo,  que vivimos en una democracia, la palabra democratizar nace de la palabra democracia, pero nuestra democracia no democratiza. Es este el punto en el que me doy de bruces con la paradoja. Me pregunto si será posible que no vivamos en un sistema democrático, quizá sea nuestro gobierno el que no es democrático, o el gobierno anterior. Dicen que manda la troika. ¿Se puede elegir la troika? Esta es una de esas preguntas que no precisan respuestas, pues se responden solas. ¿Cómo se llaman?

Tras atravesar por todo este proceso de elucubraciones me pregunto si todo lo que me rodea no es una burda tomadura de pelo. Acaba de planteárseme otra duda: si la democracia no democratiza, ¿qué es lo que funciona incorrectamente, el sistema o el lenguaje?