El cántaro y la fuente

imagesTanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe reza aquel dicho. Bien podría usarse como alegoría de la presente situación que se vive particularmente en la ribera mediterránea; aunque es igualmente aplicable en contexto más general. Me explico, el cántaro estaría representado por los poderes fácticos, liderados por la banca, y el poder político, liderado por la banca. Por otro lado, la fuente nos representaría los ciudadanos, alegres y ociosos, inocentes y pasivos.

La última visita del cántaro a la fuente se produjo cuando la troika decidió que los ciudadanos de Chipre son solidarios y están dispuestos a colaborar con su sistema bancario; eso sí, como ya es costumbre, sin preguntar. Además de pagar el rescate a su país con duros ajustes fiscales y con recortes sociales y de derechos, ahora también van a pagar con sus depósitos.

Es verdad que sólo los depósitos superiores a 100.000 euros, también es cierto que muchos de éstos son rusos que llevaron su dinero al ya ex paraíso fiscal chipriota. Otra realidad es que perderán de un tercio a la mitad de su depósito. Es un robo.

Se impone un corralito porque la fuga de capitales es inevitable, aunque se dará tarde o temprano. Si le ocurriera a usted, ¿adónde se los llevaría? Probablemente a un país en el que no existan estos riesgos, como Alemania. Con un riesgo de contagio elevado, con España o Italia como posibles víctimas, los países sanos pueden hacer su agosto en primavera. Como anécdota del día: Desangelada Merkel celebró el resultado del acuerdo.

Con un cántaro tan insaciable se antoja complicado detener esta sangría. Desde luego, este cántaro no es como el del dicho popular, no se va a romperse él solito de tanto ir a buscar agua a la fuente. En esta versión moderna es la fuente, es decir, nosotros, la que tiene que ir al cántaro y romperlo.

OCDE / O-B-D-C

Estupidez

Anteriormente ya había citado a Einstein con su definición de la locura: “hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener diferentes resultados.” Hoy voy a tener que recurrir de nuevo a él, y es que también dijo “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera.”

La OCDE, cuyas siglas significan Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, también llamado club de los países ricos. Y que yo llamaría “somos ricos y jodemos a los que no lo son (pobres queda muy feo).” Bien, la OCDE ha propuesto que en España se aplique el IVA del 21% a más productos de los que se hace ahora, bajar las pensiones, eliminar las deducciones por vivienda. Todo relacionado con nuestra pasta, pero no es ese “nuestra” de Hacienda somos todos, sino la “nuestra” de nuestro bolsillo. Vamos, un robo. Un desfalco.

La medida estrella es la de abaratar más el despido. Es algo que despierta mucho mi curiosidad, pues quizá acabemos pagando nosotros cuando nos despidan. Y estoy seguro de que a algún economista, político o tertuliano se le ocurre algún argumento que parezca lógico y con el que seguramente tragaremos. Como ese de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, o ese de que la deuda es por culpa de los coches oficiales.

Hay un señor en la OCDE que se llama Ángel Gurría, que es su Secretario General, y que como su nombre lleva dos acentos tiene que dar la nota. Este señor admitió que el dinero que valen los recortes que hace el gobierno es un múltiplo de lo que se inyecta en los bancos. Para entendernos, que el dinero que quitan de escuelas, hospitales, etc. se lo chutan los ricos. No sé si para esta droga la mejor medicina sería la metadona o el jarabe de palo.

Siguiendo con Ángel, quien por cierto casi es tocayo de Angela Merkel: le parece estupendo y “celebra” que se haya abordado de frente el problema del sector financiero. La forma de abordar de frente el problema del sector financiero ha sido sumir a Grecia en la miseria, arrastrando a más países mediterráneos en el incansable efecto dominó. ¿Casualidad que los compradores sean de Centro Europa? Como decía, Ángel y Angela se parecen mucho.

En definitiva, no está claro si es Gurría quien practica la estupidez de la que hablaba Einstein, o si somos las masas, silenciosas y pasivas.