Helena

Ni una semana ha pasado desde que Syriza ganase las elecciones en Grecia y se empiezan a ver movimientos, las fichas toman posiciones en el tablero. Hay que evitar que España sucumba.

Al diario ABC le preocupa que algunas promesas no se puedan cumplir, pero no parece acordarse de los millones de puestos de trabajo que seguimos esperando de su gobierno. La Razón abría el día siguiente a las elecciones con un muy ingenioso “Desgrecia”, el día 21 de noviembre de 2011 abrieron con La Razón del cambio, muy ingenioso también, por cierto. En El País han decidido fijarse en la ausencia de mujeres en el Gobierno griego, pero la cúpula del Grupo Prisa tiene un Presidente, un Vicepresidente y un Consejero Delegado, ningún cargo termina en a, como podéis ver. Si bien es cierto que de 16 vocales, dos son mujeres.

Sin embargo, a ninguno le pareció que las declaraciones de Merkel antes de las elecciones helenas, poco menos que amenazando con echar a Grecia del euro si ganaba Syriza, fuesen una práctica democrática dudosa. Un apunte histórico, en 1648 se firmó la Paz de Westfalia, en la que se aceptaron los principios de soberanía territorial y no injerencia en asuntos internos.

No es de extrañar que dos partidos en principio antagónicos se coaliguen para formar gobierno. Grecia –igual que España– no es un país soberano, y a los verdaderos nacionalistas, patriotas o como quieran llamarlos, sean del color que sean, les preocupa esto. La patria de otros es el dinero.

Las medidas que ha anunciado el gobierno heleno, como aumentar el salario mínimo o congelar privatizaciones, sin embargo, lejos de ser algo bueno, son desafíos a Europa, a Merkel y por ende, a la madre que los parió. Otra noticia que ha pasado desapercibida es que un Nobel de Economía como Stiglitz haya dicho que el problema de Europa es Alemania, no Grecia. Pero la metrópoli no se toca, amigos.

Yo les doy un voto de confianza. En el país heleno inventaron esto de la democracia, visto lo visto, no terminaron de explicarlo bien. Esperemos que la revolución helena haga honor al origen de su nombre y pueda ser la luz que brille en la oscuridad.

Featured image

La punta del iceberg

Image

Durante el pasado fin de semana aproveché para ver la película All The Invisible Children, del año 2005. La película cuenta las vidas de diferentes niños en diferentes lugares del mundo, niños bastante desafortunados aunque no por ello menos felices, en algún caso por lo menos. En mitad de una de esas historias, repentinamente, me asaltaron varios pensamientos, entre los que se destacó uno, casi de forma automática: se me ocurrió relacionar el accidente del tren en Santiago de Compostela con alguno de los dramas sociales que se desarrollaban ante mis ojos.

Un hervidero de ideas y ejemplos hicieron aparición en mi cabeza, tanto es así que después de este proceso tuve que rebobinar la película. Mis pensamientos giraban en torno a algo simple, tan simple como que no nos gusta ahondar en las causas verdaderas de ciertos problemas, preferimos ir a lo que parece evidente y nos olvidamos de que, a veces, en el fondo se encuentra la realidad verdadera.

Basándome puramente en el hecho de que, en un primer momento, el discurso mediático en torno al accidente tendía a señalar a la misma persona, ¡y calaba! Fui entonces un poco más allá, y me paré a pensar; primero en las historias que estaba viendo en la película -ya terminada-, en muchas otras después.

Un chico joven, de unos veinte años, sin estudios y que se gana la vida robando. Un día la policía lo pesca; va para dentro, y con razón. Si la noticia saliese en la prensa amarilla o lo comentaran en su barrio; seguramente se diría que no tuvo un padre que le educase para estudiar, o ganarse la vida honradamente, porque estaba muy ocupado bebiendo. O quizá que la madre era una persona desequilibrada. O ambas cosas. Vamos, que la culpa es de sus padres, y ciertamente no es que sea falso del todo.

En este punto sonó mi timbre de mesa. Me dije que ese chico fue al colegio y que allí no encontró a nadie que le recondujera; probablemente la única psicóloga del colegio tuviese otros 600 chicos para atender; o su profesor, que aparte de enseñar a otros 29 jóvenes, debe dar el temario. Recursos insuficientes que ningún Gobierno se ha molestado en tornar, al menos, en adecuados. Ninguno.

Es verdad, sólo es un ejemplo. Pero sólo hay que ver la cantidad de drogadictos que no pueden desintoxicarse porque nadie se lo pone un poco más fácil; niños que crecen en hogares rotos por la violencia de género o el alcohol, y que ya no van a tener las mismas oportunidades que los demás;  o sin techo que tuvieron una mala racha de la que no supieron sobreponerse. En mi opinión, muchos no tuvieron una cobertura social adecuada. No hay dinero, o por lo menos no para lo que no se quiere.

Nosotros, que vivimos bien, también les damos la espalda, porque no queremos mezclaros con esa clase de gente. Ellos viven marginados. No nos interesan, unas monedas en el metro son suficientes. No merecen más. Si profundizásemos un poco podríamos ver hay una historia detrás, que tal vez la vida no tendría que haber sido así con esa persona, que al final, el que más y el que menos, somos egoístas.

La Colmena de Génova

Image

Años llevaba el Partido del Gobierno mezclando la textura y el olor del papel moneda con el de los sobres. No está claro aún si hubo, o no, delito aceptando ciertas cantidades dinerarias; tampoco se sabe si lo hubo repartiéndolas entre algunos miembros a modo de sobresueldos. Aquí no se pretende valorar la ilegalidad, pero si la inmoralidad, de la que estoy profundamente convencido.

Tampoco voy a hacer un ejercicio exhaustivo de memoria tratando de rememorar los tiempos de Aznar. No es necesario para lo que pretendo. Pero sí que voy a remontarme hasta el año 2009, cuando la crisis ya había hecho mella en España. Durante estos años, vendieron la idea de que tenían la cura para los males de la Economía, y que ésta estaba basada en la austeridad al más puro estilo alemán: vendan sus muebles y dejen de comer carne para ahorrar, si fuere necesario.

Dentro de este contexto económico y social, lo más acertado, al menos en el mundo de la razón, hubiera sido predicar con el ejemplo. Muy fácil decirle a la gente que hay que apretarse el cinturón mientras te pasan unos cuantos miles de euros de forma clandestina, cuando menos. Me surge una duda, quizá menos obvia, y es que quienes hacen donaciones a una institución política, ¿lo hacen para compensar un trabajo bien hecho o esperan algo a cambio? La respuesta, probablemente, se encuentre en un punto intermedio, siempre y cuando no sean las dos respuestas a un tiempo.

Entre tanto zángano y reconocido fan de Poncio Pilatos, destaca la figura del tesorero, que ha decidido comportarse como una abeja cuando se siente en peligro de muerte: morir matando. Se vuelve a poner de manifiesto, una vez más, la incapacidad de estos señores para negociar y llegar a acuerdos. Lo único que saben hacer, es imponer; y siempre con el mismo resultado. La reforma educativa, por ejemplo, no hace otra cosa que azuzar la llama de los nacionalismos. No ofrecer una solución a quien ha sido tu cómplice y benefactor durante años sólo provoca que quiera arrastrarte consigo al pozo. Vendetta es lo que clamaría V.

Mención aparte para la avestruz que tenemos por jefe del ejecutivo, también llamado Mariano me Rajo-hoy, que no sabe que explicando problemas como estos desde un televisor, es decir, en diferido -tiene guasa la cosa-, lo único que consigue es alimentar la sospecha de que está involucrado en ellos. Esconderse casi nunca ha sido una solución a los problemas, y tampoco una manera de ocultar que no se saben afrontar.

Es inmoral. Porque se piden sacrificios que nunca harían mientras se dan a la buena vida. Porque son capaces de traicionarse entre ellos con tal de salir indemnes. Porque son incapaces de dar la cara cuando se equivocan. Pero para nosotros es frustrante, humillante y alarmante. ¿Tan difícil es encontrar 14 personas capacitadas para este trabajo entre una población de casi 50 millones? ¿Nos animamos nosotros? Para hacerlo peor hay intentarlo con mucho ahínco.

La paja en el ojo ajeno

Image

Hace algún tiempo que leí en Diagonal un artículo, una entrevista a Ramón Grosfoguel, un sociólogo puertorriqueño afincado en la Universidad de Berkeley. En este artículo habla de conceptos como la colonialidad del poder o la descolonización de la economía. Suscribo totalmente sus opiniones, pero voy a dar mi propia versión, de una forma mucho más simplificada que él, pues aunque quisiera hacerlo de otra forma, me resultaría del todo imposible. Una consecuencia de estar intelectualmente más limitado que Grosfoguel.

En este sentido, se trata de que nosotros, que últimamente nos hemos convertido en desposeídos de derechos, nos olvidamos de que toda la vida hemos estado viviendo a costa de otros, que sintiéndose o no desposeídos, lo han estado siempre, durante generaciones enteras. No es otra cosa que la base del sistema capitalista, que dice que para que haya gente rica tiene que haber gente pobre, de la misma manera que para que haya países ricos tiene que haber países pobres.

Un ejemplo muy claro delo anterior serían las guerras que se dan en muchos países con materias primas importantes para los negocios en occidente. Es algo que sucedió con los diamantes de sangre en Sierra Leona, que servían para financiar una guerra civil mientras en occidente se vendían al gran público y a precios importantes. Otro ejemplo sería el coltán, un mineral que se obtiene en la República Democrática del Congo, y que se utiliza en la fabricación de numerosos dispositivos electrónicos, como los smartphones que todos llevamos en nuestros bolsillos. Quienes extraen este mineral en este país, son refugiados, prisioneros de guerra o niños, y lo hacen en condiciones de semi-exclavitud, además de estar expuestos a las enfermedades derivadas de la extracción de un mineral tan tóxico. Por no hablar de los conflictos que se derivan de este tipo de fuentes de riqueza. No hay que forzar demasiado la memoria para recordar los conflictos en Irak, Kuwait o Libia por el control del petróleo.

La gravedad del asunto es que, incluso movimientos como el 15-M, en España; u Occupy Wall Street, en Estados Unidos, olvidan estos hechos, por lo menos así queda patente a la hora de realizar demandas. Somos egoístas incluso queriendo hacer el bien. Por ejemplo, en España, nos acordamos de nuestra carrera profesional frustrada por la crisis económica, los derechos sociales que nos han quitado o la calidad de vida que hemos perdido. Sin embargo, en ningún momento nos hemos acordado de los saharauis, de piel oscura, que están esperando a las puertas de Europa y que no van a entrar porque no tienen derecho a pisar la misma tierra que nosotros.

No se trata de negar las aportaciones de estos movimientos a la lucha social, sino de ver si los participantes o simpatizantes de los mismos habían caído en la cuenta de que todo se reduce al viejo juego de ricos y pobres. Y de saber si las demandas que hacemos a nuestros gobernantes -y a los ricos- porque pensamos que nos beneficiarían, seríamos capaces de hacérnoslas a nosotros mismos para beneficiar a los pueblos más desfavorecidos del mundo. No debemos olvidarnos de que, en términos de población mundial, somos una minoría privilegiada. ¿Nunca habíamos pensado en que nuestro bienestar dependía ´-y depende- del malestar de otros? Es un espectáculo esperpéntico, digno de haberse gestado dentro del genio literario de Valle-Inclán, pero que es real. Violencia en estado puro.