La punta del iceberg

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Durante el pasado fin de semana aproveché para ver la película All The Invisible Children, del año 2005. La película cuenta las vidas de diferentes niños en diferentes lugares del mundo, niños bastante desafortunados aunque no por ello menos felices, en algún caso por lo menos. En mitad de una de esas historias, repentinamente, me asaltaron varios pensamientos, entre los que se destacó uno, casi de forma automática: se me ocurrió relacionar el accidente del tren en Santiago de Compostela con alguno de los dramas sociales que se desarrollaban ante mis ojos.

Un hervidero de ideas y ejemplos hicieron aparición en mi cabeza, tanto es así que después de este proceso tuve que rebobinar la película. Mis pensamientos giraban en torno a algo simple, tan simple como que no nos gusta ahondar en las causas verdaderas de ciertos problemas, preferimos ir a lo que parece evidente y nos olvidamos de que, a veces, en el fondo se encuentra la realidad verdadera.

Basándome puramente en el hecho de que, en un primer momento, el discurso mediático en torno al accidente tendía a señalar a la misma persona, ¡y calaba! Fui entonces un poco más allá, y me paré a pensar; primero en las historias que estaba viendo en la película -ya terminada-, en muchas otras después.

Un chico joven, de unos veinte años, sin estudios y que se gana la vida robando. Un día la policía lo pesca; va para dentro, y con razón. Si la noticia saliese en la prensa amarilla o lo comentaran en su barrio; seguramente se diría que no tuvo un padre que le educase para estudiar, o ganarse la vida honradamente, porque estaba muy ocupado bebiendo. O quizá que la madre era una persona desequilibrada. O ambas cosas. Vamos, que la culpa es de sus padres, y ciertamente no es que sea falso del todo.

En este punto sonó mi timbre de mesa. Me dije que ese chico fue al colegio y que allí no encontró a nadie que le recondujera; probablemente la única psicóloga del colegio tuviese otros 600 chicos para atender; o su profesor, que aparte de enseñar a otros 29 jóvenes, debe dar el temario. Recursos insuficientes que ningún Gobierno se ha molestado en tornar, al menos, en adecuados. Ninguno.

Es verdad, sólo es un ejemplo. Pero sólo hay que ver la cantidad de drogadictos que no pueden desintoxicarse porque nadie se lo pone un poco más fácil; niños que crecen en hogares rotos por la violencia de género o el alcohol, y que ya no van a tener las mismas oportunidades que los demás;  o sin techo que tuvieron una mala racha de la que no supieron sobreponerse. En mi opinión, muchos no tuvieron una cobertura social adecuada. No hay dinero, o por lo menos no para lo que no se quiere.

Nosotros, que vivimos bien, también les damos la espalda, porque no queremos mezclaros con esa clase de gente. Ellos viven marginados. No nos interesan, unas monedas en el metro son suficientes. No merecen más. Si profundizásemos un poco podríamos ver hay una historia detrás, que tal vez la vida no tendría que haber sido así con esa persona, que al final, el que más y el que menos, somos egoístas.

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