Bailando con lobos

Hace cuatro años que en España vivimos azotados por los efectos de una crisis que no provocamos, por más que quieran convencernos de que así fue. Sin embargo, las consecuencias las vamos a sufrir queramos o no queramos. Vivimos en una sociedad donde la comunicación suele ser unidireccional y las decisiones son unilaterales.

El tema que más ha dado que hablar ha sido la barra libre de crédito ofrecida por los bancos, y muchos de nosotros decidimos bailar con ellos. Hace tiempo que alguien paró la música y todavía estamos con la resaca. Nos dieron garrafón puro. Tenemos que pagar la cuenta por tanto exceso, pero muchos ya no tienen trabajo. Debe tratarse de una casualidad, pura mala suerte.

Mientras unos pagaban con sus empleos, con sus pensiones, con la educación de sus hijos, con más impuestos, con su vida, el precio de la crisis. A los camareros de este gran bar que es España se les dio un premio en forma de millones. Pero tuvieron la poca vergüenza, la falta de escrúpulos, el descaro de reclamar a la gente desempleada los plazos de una deuda que deberían seguir pagando a pesar de haberlo perdido ya todo, incluido el techo. La Ley lo permite, la misma Ley que está hecha para garantizar los derechos de los españoles.

A este efecto, en febrero de 2009, surgió la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), que trataba de evitar esta injusticia. De hecho, han conseguido parar 250 desahucios desde entonces; la mala noticia es que desde 2007 han salido adelante ya 185.140. En todos ellos han estado presentes los porteros de la discoteca, en algún que otro caso usando métodos idénticos.

Ayer, día 9 de noviembre de 2012, Amaya Egaña, quien fuera edil socialista, pero primero que todo era ciudadana, se tiró desde su piso en Barakaldo cuando entraron a desahuciarla. No es la primera persona que se suicida por la crisis, ni será la última. En Atenas, por ejemplo, hace unos meses que se suicidó un hombre en un árbol de plaza Sintagma. La globalización ya no es sólo económica, ahora vivimos también la globalización del dolor.

Sin dación en pago, seguirá viviéndose a diario el drama del desahucio, en algunos casos con consecuencias irreversibles. La muerte tenía un precio.

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