Ciudadano Quién

 

Es curioso observar cómo cambian los tiempos, y con ellos los discursos y los argumentos; y siempre a placer de quien los emite. Hace tiempo que se hablaba del “efecto llamada” a los inmigrantes como uno de los males endémicos de este país. Hablar de colores es algo que está muy feo, es algo aplicable tanto a personas como a instituciones. ¿Por qué? Porque da lo mismo uno que otro, la sustancia es la misma.

En los años de bonanza había que decir no a los inmigrantes sin papeles. Ahora también, pero matizando que se quiere a aquellos cuyos papeles sean de colores y tengan cifras y edificios que los decoren. En las rebajas de noviembre, con la compra de un piso se regala la ciudadanía. Así, convertirse en ciudadano español cuesta 160.000 euretes, aunque no tengas ni idea de español. España está en venta. ¿Comprarán vivienda por necesidad o habrá segundas intenciones?

Esto no es tan solo un hecho aislado, pues con la inminente entrada en vigor de las tasas judiciales, se hará patente que tendrán más derechos quienes tengan más dinero. Si bien es cierto que la justicia siempre favoreció a quien más dinero puso en la balanza, ahora casi podemos hablar de que se privatizó la justicia. Tanto tienes, tanto vales. Por cierto, ¿alguien se acuerda de la amnistía fiscal? A veces es curioso ver como las piezas encajan.

La ventaja visible –y cuasi palpable– es que tenemos un gobierno tan inútil que no se toma la molestia siquiera de dejar pasar un tiempo entre medida y medida, permitiéndome establecer estas relaciones. La pena es que esto no lo vaya a leer nadie. Y aunque lo leyerais todos, ¿cambiaría algo?

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El sinsentido de los consentidos

Un texto en prosa hoy pretendía escribir

mas mi musa en ello no ha consentido,

era un tratado acerca del sinsentido

de los consentidos que no nos dejan vivir.

 

Usurero es aquel que nos hace sufrir

soberbio, vicioso, avaro y desabrido.

No tiembla en dejar a nadie desatendido,

aunque nada nuevo venga a descubrir.

 

Todos con ellos hemos negociado.

Ilusos nosotros: creímos que no había qué temer,

de suerte aún no nos han desahuciado.

 

Llegaremos un día a cumplir con nuestro deber,

pues es imposible que alguno sea perdonado,

son afortunados de no haber empezado a arder.

Bailando con lobos

Hace cuatro años que en España vivimos azotados por los efectos de una crisis que no provocamos, por más que quieran convencernos de que así fue. Sin embargo, las consecuencias las vamos a sufrir queramos o no queramos. Vivimos en una sociedad donde la comunicación suele ser unidireccional y las decisiones son unilaterales.

El tema que más ha dado que hablar ha sido la barra libre de crédito ofrecida por los bancos, y muchos de nosotros decidimos bailar con ellos. Hace tiempo que alguien paró la música y todavía estamos con la resaca. Nos dieron garrafón puro. Tenemos que pagar la cuenta por tanto exceso, pero muchos ya no tienen trabajo. Debe tratarse de una casualidad, pura mala suerte.

Mientras unos pagaban con sus empleos, con sus pensiones, con la educación de sus hijos, con más impuestos, con su vida, el precio de la crisis. A los camareros de este gran bar que es España se les dio un premio en forma de millones. Pero tuvieron la poca vergüenza, la falta de escrúpulos, el descaro de reclamar a la gente desempleada los plazos de una deuda que deberían seguir pagando a pesar de haberlo perdido ya todo, incluido el techo. La Ley lo permite, la misma Ley que está hecha para garantizar los derechos de los españoles.

A este efecto, en febrero de 2009, surgió la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), que trataba de evitar esta injusticia. De hecho, han conseguido parar 250 desahucios desde entonces; la mala noticia es que desde 2007 han salido adelante ya 185.140. En todos ellos han estado presentes los porteros de la discoteca, en algún que otro caso usando métodos idénticos.

Ayer, día 9 de noviembre de 2012, Amaya Egaña, quien fuera edil socialista, pero primero que todo era ciudadana, se tiró desde su piso en Barakaldo cuando entraron a desahuciarla. No es la primera persona que se suicida por la crisis, ni será la última. En Atenas, por ejemplo, hace unos meses que se suicidó un hombre en un árbol de plaza Sintagma. La globalización ya no es sólo económica, ahora vivimos también la globalización del dolor.

Sin dación en pago, seguirá viviéndose a diario el drama del desahucio, en algunos casos con consecuencias irreversibles. La muerte tenía un precio.